
Día de la Resistencia Indígena
En 1492, el navegante Cristóbal Colón toca por primera vez continente americano en la isla de San Salvador, con lo que se celebra en nuestro país el Día de la Resistencia Indígena. El 12 de octubre se conmemora la resistencia de los nativos americanos contra los conquistadores, la sangre derramada por los pobladores de este territorio, que fueron víctima de la violencia de los colonizadores españoles hace más de 500 años.
Los pueblos indígenas cuyos miembros se replegaron a lugares inhóspitos antes que aceptar ser subyugados, son los que superando enormes dificultades guardaron celosamente sus lenguas, su organización social, sus formas de cultivo, en resumen; su cultura ancestral que respeta la naturaleza y al ser humano. Estos pueblos que se negaron a morir son historia viva, ellos con su ejemplo alientan la lucha para derribar los mitos levantados y sostenidos.
En 1492, el navegante Cristóbal Colón toca por primera vez continente americano en la isla de San Salvador, con lo que se celebra en nuestro país el Día de la Resistencia Indígena. El 12 de octubre se conmemora la resistencia de los nativos americanos contra los conquistadores, la sangre derramada por los pobladores de este territorio, que fueron víctima de la violencia de los colonizadores españoles hace más de 500 años.
Los pueblos indígenas cuyos miembros se replegaron a lugares inhóspitos antes que aceptar ser subyugados, son los que superando enormes dificultades guardaron celosamente sus lenguas, su organización social, sus formas de cultivo, en resumen; su cultura ancestral que respeta la naturaleza y al ser humano. Estos pueblos que se negaron a morir son historia viva, ellos con su ejemplo alientan la lucha para derribar los mitos levantados y sostenidos.
El Día de la resistencia Indígena fue decretado por el presidente constitucional Hugo Chávez en el decreto 2028.
CONSIDERANDO:
Que los pueblos Indígenas del mundo y particularmente los de América, han dado y seguirán dando sus aportes irremplazables en la configuración de una rica socio diversidad, y que deben ser reconocidos plenamente como patrimonio de la humanidad para restablecer un nuevo equilibrio del universo como lo soñó el Libertador Simón Bolívar en su lucha independentista.
DECRETA
Artículo 1°. Conmemorar el 12 de octubre de cada año "Día de la Resistencia Indígena" , destinado a reconocer nuestra autoafirmación americanista por la unidad y diversidad cultural y humana, reivindicando tanto a los pueblos indígenas de América como los aportes de los pueblos y las culturas africanas, asiáticas y europeas en la conformación de nuestra nacionalidad, en el espíritu del diálogo de civilizaciones, la paz y la justicia.
La resistencia indígena confronta el racismo, la discriminación étnica y cultural, el patriarcalismo y el clasismo que ha comenzado con la ruptura entre cultura y naturaleza, entre hombre y mujer, entre ciudad y campo, oralidad y escritura.
Si desaparecieran las lenguas indígenas del Amazonas, no se pudieran explicar todos los instrumentos de etnociencia que han cultivado durante miles de años los pueblos indígenas y que les han ayudado a preservar la selva.
Día de la Resistencia Indígena, día de la dignidad de los pueblos Indígenas.
Hubo un tiempo en que todo era bueno. Un tiempo feliz en el que nuestros dioses velaban por nosotros. No había enfermedad entonces, no había pecado entonces, no había dolores de huesos, no había fiebres, no había viruela, no había ardor de pecho, no había enflaquecimiento. Sanos vivíamos. Nuestros cuerpos estaban entonces rectamente erguidos. Pero ese tiempo acabó, desde que ellos llegaron con su odio pestilente y su nuevo dios y sus horrorosos perros cazadores, sus sanguinarios perros de guerra de ojos extrañamente amarillos, sus perros asesinos. Bajaron de sus barcos de hierro: sus cuerpos envueltos por todas partes y sus caras blancas y el cabello amarillo y la ambición y el engaño y la traición y nuestro dolor de siglos reflejado en sus ojos inquietos. Nada quedó en pie, todo lo arrasaron, lo quemaron, lo aplastaron, lo torturaron, lo mataron. Cincuenta y seis millones de hermanos indios esperan desde su oscura muerte, desde su espantoso genocidio, que la pequeña luz que aún arde como ejemplo de lo que fueron algunas de las grandes culturas del mundo, se propague y arda en una llama enorme y alumbre por fin nuestra verdadera identidad, y, de ser así, que se sepa la verdad, la terrible verdad de cómo mataron y esclavizaron a un continente entero para saquear la plata y el oro y la tierra. De cómo nos quitaron hasta las lenguas, el idioma, y cambiaron nuestros dioses atemorizándonos con horribles castigos, como si pudiera haber castigo mayor que el de haberlos confundido con nuestros propios dioses y dejado que entraran en nuestra casa y templos y valles y montañas. Pero no nos han vencido. Hoy, al igual que ayer, todavía peleamos por nuestra libertad.
La resistencia indígena confronta el racismo, la discriminación étnica y cultural, el patriarcalismo y el clasismo que ha comenzado con la ruptura entre cultura y naturaleza, entre hombre y mujer, entre ciudad y campo, oralidad y escritura.
Si desaparecieran las lenguas indígenas del Amazonas, no se pudieran explicar todos los instrumentos de etnociencia que han cultivado durante miles de años los pueblos indígenas y que les han ayudado a preservar la selva.
Día de la Resistencia Indígena, día de la dignidad de los pueblos Indígenas.
Hubo un tiempo en que todo era bueno. Un tiempo feliz en el que nuestros dioses velaban por nosotros. No había enfermedad entonces, no había pecado entonces, no había dolores de huesos, no había fiebres, no había viruela, no había ardor de pecho, no había enflaquecimiento. Sanos vivíamos. Nuestros cuerpos estaban entonces rectamente erguidos. Pero ese tiempo acabó, desde que ellos llegaron con su odio pestilente y su nuevo dios y sus horrorosos perros cazadores, sus sanguinarios perros de guerra de ojos extrañamente amarillos, sus perros asesinos. Bajaron de sus barcos de hierro: sus cuerpos envueltos por todas partes y sus caras blancas y el cabello amarillo y la ambición y el engaño y la traición y nuestro dolor de siglos reflejado en sus ojos inquietos. Nada quedó en pie, todo lo arrasaron, lo quemaron, lo aplastaron, lo torturaron, lo mataron. Cincuenta y seis millones de hermanos indios esperan desde su oscura muerte, desde su espantoso genocidio, que la pequeña luz que aún arde como ejemplo de lo que fueron algunas de las grandes culturas del mundo, se propague y arda en una llama enorme y alumbre por fin nuestra verdadera identidad, y, de ser así, que se sepa la verdad, la terrible verdad de cómo mataron y esclavizaron a un continente entero para saquear la plata y el oro y la tierra. De cómo nos quitaron hasta las lenguas, el idioma, y cambiaron nuestros dioses atemorizándonos con horribles castigos, como si pudiera haber castigo mayor que el de haberlos confundido con nuestros propios dioses y dejado que entraran en nuestra casa y templos y valles y montañas. Pero no nos han vencido. Hoy, al igual que ayer, todavía peleamos por nuestra libertad.
Taky Ongoy
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